Enfermedades respiratorias
Las enfermedades respiratorias afectan a las vías por las que entra y sale el aire y a los pulmones, donde el oxígeno pasa a la sangre. Van desde infecciones pasajeras hasta afecciones crónicas, pero casi todas mejoran mucho con un diagnóstico y un tratamiento adecuados.
Las vías respiratorias y los pulmones
El aparato respiratorio se encarga de un intercambio esencial: llevar oxígeno al cuerpo y eliminar dióxido de carbono. El aire entra por la nariz y la boca, baja por la tráquea y los bronquios y llega a los alvéolos, unas diminutas bolsas de los pulmones donde se produce el intercambio de gases con la sangre.
Las enfermedades respiratorias suelen dividirse en dos grandes grupos: las de las vías altas (nariz, senos paranasales, garganta), como la sinusitis, y las de las vías bajas (bronquios y pulmones), como el asma, la bronquitis o la neumonía.
Síntomas más habituales
- Tos, seca o con mucosidad.
- Dificultad para respirar o sensación de falta de aire.
- Sibilancias o pitidos al respirar.
- Dolor u opresión en el pecho.
- Fiebre y malestar general en las infecciones.
La dificultad respiratoria intensa, los labios amoratados o la confusión son signos de gravedad. Ante ellos, busca atención médica urgente.
Causas y factores de riesgo
Las enfermedades respiratorias pueden tener orígenes muy distintos:
- Infecciones: virus y bacterias causan la gripe, la COVID-19, la neumonía o la tuberculosis. Forman parte de las enfermedades infecciosas.
- Tabaco: es la principal causa de la EPOC y del cáncer de pulmón.
- Alérgenos y contaminación: polen, ácaros, humo y aire contaminado desencadenan o agravan el asma.
- Factores genéticos y ambientales que aumentan la sensibilidad de las vías respiratorias.
Enfermedades respiratorias más frecuentes
Consulta nuestras guías detalladas sobre las afecciones respiratorias más comunes:
Tratamiento
El tratamiento depende de la causa. Las infecciones víricas suelen resolverse con reposo e hidratación; las bacterianas pueden requerir antibióticos. En las afecciones crónicas como el asma o la EPOC son clave los inhaladores, que llevan la medicación directamente a los bronquios, junto con la rehabilitación respiratoria. Encontrarás más información en nuestras guías de tratamientos y síntomas.
Prevención
- No fumar y evitar el humo de segunda mano.
- Mantener al día las vacunas de la gripe, la neumonía y la COVID-19.
- Ventilar los espacios cerrados y reducir la exposición a la contaminación.
- Lavarse las manos con frecuencia para evitar infecciones.
- Identificar y controlar los alérgenos si hay asma o alergias.
Muchas enfermedades respiratorias, como el asma o la EPOC, son de larga duración y comparten cuidados con otras enfermedades crónicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo hay que preocuparse por la falta de aire?
Es urgente si aparece de forma repentina, si impide hablar con frases completas, si se acompaña de dolor en el pecho, labios o uñas azulados o confusión. Una falta de aire que va apareciendo poco a poco con esfuerzos cada vez menores también merece consulta, aunque no sea urgente.
¿En qué se diferencian el asma y la EPOC?
El asma suele empezar en la infancia o la juventud, cursa en crisis desencadenadas por alérgenos o el ejercicio y la obstrucción de los bronquios es en gran parte reversible. La EPOC aparece sobre todo a partir de los 40-50 años, se asocia casi siempre al tabaco y la obstrucción es permanente y progresiva, aunque el tratamiento frena su avance.
¿Sirve de algo dejar de fumar si el daño ya está hecho?
Sí, siempre. Al dejar de fumar la función pulmonar deja de deteriorarse al ritmo acelerado que provoca el tabaco, disminuyen la tos y las infecciones y se reduce el riesgo de cáncer de pulmón y de problemas cardiovasculares. El beneficio existe a cualquier edad y en cualquier fase de la enfermedad.
Aviso importante: esta información tiene una finalidad educativa y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Si tienes dificultad para respirar o síntomas que empeoran, consulta con tu médico.